jueves, 24 de abril de 2014

Mitos y Leyendas 1: la amenaza silenciosa del Gas



Hoy quiero empezar una sección algo más relajada, dedicada a los mitos nutricionales, debido a un hecho que se repite día tras día en mi vida. Cada vez que alguien me pregunta sobre nutrición, llega, tarde o temprano, este momento… me mira fijamente, su cara se vuelve blanca y el horror se dibuja en sus pupilas… y me dice “pero eso engorda”. A veces ocurre lo contrario. Me hablan felizmente de algún alimento, y soy yo el que muere de pavor, cuando me cuentan con alegría que comen algo que, por su naturaleza o el instante en que deciden comerlo, es un atentado nutricional.

Son las leyendas de la nutrición. Historias que se han ido extendiendo con el paso de los años, y que nadie se ha molestado en desmentir. Así que hoy vamos a iniciar esta sección hablando de algo que creo que, dado que se acerca el verano, os puede interesar: la leyenda de que el gas de las bebidas refrescantes engorda.
 

El gas engorda, ¿realidad o ficción?

Escuchar “me he quitado las bebidas con gas, es que el gas me engorda muchísimo” es mi pan de cada día. Pero hay que saber que el gas no es asimilable por el organismo. Estas burbujitas de las bebidas son, en realidad, ácido carbónico (H2CO3), que al abrirse la botella o lata y despresurizarse, se “rompe” y libera CO2. El cuerpo no lo utiliza. Lo expulsa, en formas que no es necesario que mencione, pero que no debéis permitir si estáis en público.
Entonces, ¿por qué hay tanta gente que piensa que dejar de beber bebidas gaseosas adelgaza? Facil: las bebidas gaseosas, generalmente, tienen una buena cantidad de azúcar. Si miramos la información nutricional en la etiqueta, veremos cantidades calóricas que se mueven entre las 30-50 kilocalorías. Parece poco… pero esto es por cada 100ml.